¿Por qué Chile resiste bien los daños causados por los terremotos?

El país resiste a estos eventos telúricos porque se respetan las normas constructivas de manera estricta y porque la estructura de las edificaciones se refuerzan más en Chile que en otras partes del mundo.

La clave está en la estructura de hormigón armado y el acero, ya que estos materiales son lo suficientemente flexibles y resistentes para que el edificio se mueva, se balancee y no se caiga ante un terremoto. El homigón es el material que tiene más estudios y experimentación demostrada a su haber, lo que lo hace el preferido de los ingenieros a la hora de diseñar un edificio. Esto también se debe a que existe una metodología de diseño, que comenzó con tres grandes ingenieros chilenos, Rodrigo Flores, Elías Arze y Santiago Arias, los cuales formaron a muchos ingenieros, estos a su vez han seguido trasmitiendo la metodología y actualmente todos hacen lo mismo.

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Hay otros factores que contribuyen a los buenos resultados de nuestras estructuras. Tal vez el más importante sea la frecuencia y extensión de los terremotos. Los ingenieros estructurales y los constructores civiles saben que sus estructuras serán puestas a prueba cada 10 años, por lo que no existen incentivos para tratar de saltarse la normativa antisísmica. En países donde los terremotos son menos frecuentes o, siendo frecuentes, afectan pequeñas zonas, estos profesionales y las empresas constructoras a menudo ahorran costos haciendo caso omiso de la norma, pues es muy poco probable que durante sus vidas deban enfrentar consecuencias por ello. Un segundo factor es que ya quedan pocas construcciones antiguas o de adobe que se derrumben con los terremotos, pues sismos anteriores las han destruido. El tercer factor es que, debido a las políticas de subsidio a la vivienda, y a diferencia de otros países de Latinoamérica, en Chile es poco común la autoconstrucción, que impide asegurar la calidad del diseño estructural.

Chile se ubica entre los cinco o seis países donde la construcción antisísmica se encuentra más desarrollada. Solo falta extender prácticas similares a otros tipos de desastres para transformarnos en un país resiliente, capaz de soportar desastres naturales sin grandes costos en personas o bienes materiales.

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